Como mujer, pero ante todo, como persona, exijo para usted que se le anule cualquier trato de humanidad y se le exponga públicamente entre rejas, a la vista de todos, para que se convierta en un amorfo ser que sólo tiene derecho a unos gritos e insultos por parte de quien le visite. Exactamente igual que usted ha hecho con su víctima.
Esta sería la forma más suave con la que me dirigiría a las personas que exponen su fuerza física y moral ante la de cualquier ser humano, dejando completamente subyugado el concepto de que todos somos iguales, ni ante la Ley ocurre eso.
Pero hoy, mi planteamiento va más allá: ¿qué hago con ese juez que aplaude su actuación?. ¿cómo me comporto con ese magistrado al que usted le da pena, y dicta una sentencia por la que le insta a volver a su domicilio, con su víctima, para que ésta le cuide porque no tiene quien lo haga ni a dónde ir? ¿qué hago con la Administración Pública que es incapaz de incorporarlo a un asilo social? ¿Qué le digo a su mujer, quien le ha denunciado en varias ocasiones y sobre la que tiene orden de alejamiento por temor a que acabe con su vida? ¿Qué le digo a aquellos que defienden la vida de las personas y se encuentran desbordados ante el suceso acaecido en Jaén sobre una resolución de este tipo? ¿Qué les voy a decir a esos niños que tenemos que educar en un sistema que retrotrae los argumentos para procurar víctimas a una lacra como es la violencia de género? ¿Qué le digo a los que luchan, a los que se mueven, a los que acompañan a las víctimas? Me quedo sin voz de tanto gritar, de tanto maldecir actitudes como la del juez Aguirre que impone, no una sentencia de "humanidad", sino una "sentencia de muerte a una mujer".
Es un nuevo caso "Orantes", Ana, aquella mujer que en 1997 denunció públicamente que era sometida a un maltrato continuado, a quien el juez impuso la orden de compartir vivienda con su maltratador, y quien resultó asesinada al poco tiempo. Recordemos también, que en 2005, uno de sus hijos fue detenido por maltratar a su pareja, porque era lo que había visto en su casa durante demasiado tiempo, que era lo que hacía su padre con su madre para conseguir sus propósitos...o para calmar su furia.
El tiempo no ha pasado, al menos para este juez Aguirre que, empleando su humanidad, en lugar de devolver a un maltratador a su casa con su víctima, para que muera en paz, porque debe ser muy cristiano, y nadie duda de que no lo sea, bien podía habérselo llevado a su casa y cuidarlo él. A ver si tiene narices de soportarlo cuando empiece a meterse con su mujer.
Y es que somos muy humanos, muy cristianos y algunos creen que antes están las ideas retrógradas de algunos, que el hecho de que una mujer viva angustiada los años que le queden de vida, o que, sencillamente, ésta sea cortada de cuajo por un energúmeno.