Hay ocasiones en las que no entiendo el respeto que debemos
procurar a otras culturas. Como personas respetuosas y educadas está bien, pero
hay veces que nos echamos las manos a la cabeza cuando leemos noticias como la
que aparece hoy en la prensa. Se trata de Rawan, una niña yemení de ocho años a
la que sus padres llegaron al acuerdo de matrimonio con un hombre que le
quintuplicaba la edad. Ella ocho años, el cuarenta.Una práctica demasiado habitual en países subdesarrollados
que, aunque recriminada por la OMS
y demás organismos internacionales, e incluso penada, se sigue practicando con
una normalidad brutal.
Rawan se casó bajo una ceremonia familiar donde nadie se
percató de lo horrendo de la situación. Todo era felicidad menos para la niña
que, aún no convertida en mujer, tendría que hacerse al frente de una casa y de
un marido que bien podría ser su abuelo.
Llegó la noche de bodas y Rawan no pudo soportarlo. Murió
debido a un desgarro interno al mantener unas relaciones sexuales para las que
su cuerpo no estaba preparado.
Aún así, la justicia no ha actuado de forma correcta, para
ser mas exacto, de ninguna forma, pues ha sido a través de organismos
extranjeros que han pedido el castigo inmediato para la familia de la niña y
del marido de Rawan, cuando parece ser que “algo” se ha movido en Yemen.
No es el único caso. En julio, Nada al-Ahdal de 11 años, se
fugó de su casa y denunció a su familia para evitar un matrimonio forzado por
dinero.
Los occidentales invadimos países porque sus habitantes
están sufriendo unas consecuencias horribles de sus gobiernos o de guerras
civiles, pero no he visto ningún país occidental que se ponga en su sitio y
denuncie casos como el de Rawan o Nada al-Ahdal; más cuando en Yemén
concretamente, en febrero de 2009 se aprobó una ley que establecía la edad
mínima para el matrimonio en 17 años, pero que fue revocada porque los
legisladores conservadores la consideraron “anti-islámica”.
Se prevee que entre 2011 y 2020, más de 140 millones de
niñas se convertirán en mujeres antes de alcanzar la edad de dieciocho años,
puesto que cada día se casan en el mundo 39.000 niñas menores de edad.
Por eso, respetando otras costumbres y amparándome en el
derecho a decidir sobre las creencias y la propia identidad de cada uno,
recrimino desde aquí que, conociéndose esas cifras aberrantes, no se haga nada
desde la comunidad internaciones y se siga amparando el uso del burka en
occidente o ablaciones a niñas o matrimonios concertados. Mientras no digamos
basta de forma seria y contundente, millones de mujeres en el mundo seguirán
muriendo en vida por actuaciones machistas permitidas por nuestro supuesto
mundo civilizado.